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Siete datos que probablemente desconocía sobre las jirafas

Daryll Williams
por Daryll Williams
Publicado el 7 de septiembre de 2021
4 minutos de lectura

La jirafa es una de las especies más emblemáticas de África. Como el mamífero más alto del planeta, estas criaturas resultan tan singulares como fascinantes, con sus largas extremidades y cuellos, sus ojos profundos, sus pestañas interminables, sus patrones de pelaje inconfundibles, su andar pausado y su carácter sereno.

En definitiva, son pocos los viajeros que no sucumben al encanto de las jirafas. Sin embargo, a pesar de su popularidad internacional y de los momentos virales que protagonizan, mucho de lo que las rodea sigue siendo un misterio para la mayoría. A continuación, siete datos que probablemente desconocía sobre ellas.

1. Se les conoce por diversos nombres

Si se pregunta cómo denominar a un grupo de jirafas, es probable que obtenga respuestas variadas. Existen diversos sustantivos colectivos para describirlas, como caleidoscopio, viaje, manada o incluso torre. Estos términos guardan relación tanto con su apariencia física como con su comportamiento social.

2. Poseen un corazón sorprendentemente pequeño

Una jirafa pastando.

Para tratarse de un animal de tales dimensiones, la jirafa tiene un corazón relativamente pequeño, que apenas alcanza los 11 kilogramos. Aun así, su presión arterial es extremadamente elevada, el doble de la que presenta un ser humano. El corazón de una jirafa debe generar casi el doble de presión sanguínea que el de otros mamíferos para mantener el flujo hacia el cerebro venciendo la gravedad. En la parte superior del cuello, un complejo sistema de regulación de presión, denominado rete mirabile, evita que el flujo sanguíneo sea excesivo hacia el cerebro cuando el animal baja la cabeza para beber.

3. Son animales de pocas palabras

Una jirafa observa el horizonte en silencio.

Existe el mito popular de que estos animales son mudos. Sin embargo, los estudios actuales confirman que poseen cuerdas vocales bien desarrolladas. Incluso existen indicios de que se comunican entre sí mediante vocalizaciones específicas, como balidos o gruñidos. No obstante, debido a las particularidades de su estructura anatómica, no pueden emitir sonidos articulados.

4. Poseen lenguas de una coloración singular

Una jirafa saca la lengua.

Si ha tenido la fortuna de observar la lengua de una jirafa de cerca, habrá notado que presenta tonos violáceos, azulados o casi negros. Esto se debe a la alta densidad de melanina, el pigmento oscuro presente en sus tejidos.

Aunque aún no existe una explicación definitiva, la teoría predominante sugiere que la melanina actúa como una protección adicional contra los rayos ultravioleta, evitando que sus delicadas lenguas sufran quemaduras solares mientras se alimentan en las alturas. En los ejemplares adultos, la lengua alcanza cerca de medio metro de longitud. Esta extensión extraordinaria les permite no solo alcanzar las hojas de acacia más elevadas, sino también envolver las ramas con destreza para despojarlas de su follaje, evitando al mismo tiempo las espinas.

5. Su necesidad de agua es mínima

Una cebra y una jirafa se reúnen en torno a un abrevadero.

Las jirafas solo requieren beber agua cada dos o tres días. Obtienen la mayor parte de su hidratación de su dieta vegetal, lo cual resulta ventajoso si se considera que su estatura complica el proceso de beber (y, si un león sorprende a una jirafa en ese momento, la situación puede tornarse peligrosa).

6. Existen nueve subespecies en África

Dos jirafas exploran la sabana.

Un dato menos conocido sobre este cautivador animal es que, en la actualidad, se reconocen nueve subespecies de jirafa en África. Si bien habitan distintos países del continente, la creciente evidencia genética sugiere que algunas podrían no ser tan diferentes entre sí, mientras que otras quizás constituyan especies distintas por derecho propio. Los esfuerzos de investigación se centran hoy en desentrañar el misterio de su genética. Cada una de estas subespecies difiere no solo en el patrón de su pelaje, sino también en su envergadura.

7. Quedan muy pocos ejemplares

Una jirafa solitaria en la sabana.

Hoy en día, la población de jirafas en África es inferior a los 90,000 ejemplares. Las cifras han descendido un 40% en los últimos años y la especie se encuentra bajo una presión considerable. Ya se han extinguido en al menos siete países del continente y, según la Lista Roja de la UICN, dos subespecies —la jirafa de África Occidental y la jirafa de Rothschild— están catalogadas actualmente como «en peligro». La especie se ve amenazada por la pérdida, fragmentación y degradación de su hábitat, además de la caza furtiva y la invasión humana de sus territorios.

Es momento de observar jirafas en su entorno

Un viajero fotografía a una jirafa.

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