“Ya no hay lugar para las dudas. La amenaza del cambio climático es real; los peligros son inminentes y el futuro, catastrófico”.
Cualquier persona que haya consultado las noticias o salido de casa durante la última semana habrá notado el revuelo en las comunidades científicas, ambientales y sociales a raíz de un informe determinante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Si el acrónimo ya resulta complejo, las conclusiones de este documento histórico y crítico probablemente le dejarán sin palabras. ¿Quién es exactamente el IPCC y por qué deberíamos —como turistas y operadores— preocuparnos por sus hallazgos? Existen razones de peso, y nos debemos a nosotros mismos y al planeta prestar atención.
El 9 de agosto, el IPCC —el organismo de las Naciones Unidas dedicado a la ciencia climática— publicó su sexto informe de evaluación sobre el estado del clima global. Este documento sintetiza más de 14.000 estudios analizados por 234 científicos internacionales a lo largo de ocho años. Se trata de un compendio de la investigación más reciente sobre la ciencia del cambio climático, sus efectos y las vías para adaptarnos y, potencialmente, mitigar sus consecuencias. El informe está dirigido a gobiernos y responsables de políticas para facilitar la toma de decisiones informadas (aunque la versión íntegra es considerablemente más extensa y detallada). Esta edición, sumada a fenómenos meteorológicos extremos recientes —como los incendios forestales en Grecia, las inundaciones en Alemania, los ciclones tropicales en Haití y temperaturas registradas de 48,8 °C en Europa—, sirve como una llamada de atención urgente para gobiernos, organismos independientes, políticos, empresas y particulares. De lo contrario, las perspectivas son, sencillamente, desoladoras.
¿Alerta roja?
La conclusión es ineludible: debemos reducir las emisiones, y debimos haberlo hecho ayer. Se requiere una acción deliberada y disruptiva en todos los estratos de la sociedad para ofrecerle una oportunidad a nuestro planeta. Aunque los mayores responsables del cambio climático se concentran en un puñado de países e industrias —donde la intervención es más urgente—, todos debemos asumir nuestra responsabilidad para mitigar los impactos de continuar con el modelo actual.
Esto nos lleva al turismo.
Con la pausa global provocada por la pandemia, la industria de los viajes sufrió un duro golpe, pero también fuimos testigos de los efectos positivos que este cese tuvo en el clima. Considerando todos los factores, la interrupción de los viajes redujo las emisiones globales en apenas un 7%, una cifra cercana al 8% que el sector aporta anualmente a las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto subraya la magnitud de la crisis climática.
Lo cierto es que el turismo continuará; es uno de los sectores económicos más significativos del mundo. Sin embargo, no podemos seguir viajando como lo hacíamos antes. Este informe es un recordatorio firme de que, si no transformamos el rostro del turismo, el sector sellará su propio destino. La resiliencia futura del turismo dependerá de su capacidad para adoptar una ruta baja en carbono y reducir sus emisiones en un 50% para 2030. El informe del IPCC insta a cada figura política, empresa y gobierno a evaluar cómo sus acciones impactan el clima y a reducir sus emisiones. Esto implica tomar decisiones responsables dentro de la industria; de lo contrario, su propia esencia —aquellos factores que atraen a los viajeros— sufrirá las consecuencias del cambio climático, como el deterioro de paisajes naturales, la vida silvestre, las comunidades, los sitios culturales y las áreas protegidas. La industria turística debe ser responsable, transparente y eficiente si deseamos asegurar nuestro futuro. El sector debe estar a la altura del desafío y encaminarse hacia las emisiones netas cero para 2030.
Los alarmantes escenarios del sexto informe de evaluación del IPCC ya no son una incertidumbre, sino un hecho. Esto debe impulsar a todos los actores de la industria de los viajes a trabajar de manera agresiva y consistente hacia la descarbonización de todos los sectores para 2030. Viatu asume su responsabilidad en la acción climática y en orientar el estado actual hacia una dirección más saludable para las personas y el planeta. El sector turístico posee una influencia considerable para moldear las políticas gubernamentales e industriales. Nos gustaría ver que esta capacidad de presión impulse a los gobiernos a priorizar la medición, reducción y reporte de emisiones, estableciendo objetivos basados en la ciencia.
En Viatu, actuamos localmente, pensamos globalmente y reconocemos nuestro papel en la construcción de un futuro saludable y sostenible. Si desea conocer nuestra estrategia de sostenibilidad, puede hacerlo aquí. También nos encantaría iniciar una conversación con usted; no dude en escribirnos a través de Instagram.